Pásame tu dieta

Alimentarse bien y sentirse a gusto.


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Buenas noches y buena suerte…

La vida está compuesta de una sucesión de etapas. Hoy concluyo una de las etapas de la mía.

A mitad de 2013 comencé a contar aquí la experiencia vivida perdiendo el peso que me sobraba y recuperando la energía que había perdido. Han sido 89 entradas, unas más densas de contenido, otras más llenas de sensaciones y sentimientos, otras contestando a quienes me preguntaban. En todas aprendiendo. Aprendiendo sobre alimentación, sobre las personas, sobre mí y sobre cómo se hace un blog.

Hoy, a finales de 2016 sigo aprendiendo sobre las mismas cosas, descubriendo nuevas perspectivas de análisis en la forma en que nos alimentamos y porqué lo hacemos. Confirmando cuánto de lo que somos está definido en nuestra manera de relacionarnos con el mundo en general y con la comida en particular. Somos múltiples, variados, en entornos muy diferentes que hacen que lo que me sirve a mí no le valga a alguien en el otro lado del mundo. Por eso siempre he intentado que lo dicho en mi blog no se viera como una verdad absoluta, porque no la hay.

Hoy escribo para cerrar esta etapa: La del blog, porque la de luchar para mantener el peso creo que no la podré cerrar jamás de los jamases. La cierro feliz. Sigo sana, con el peso en el que me encuentro bien (kilo arriba kilo abajo, vaya), físicamente fuerte y con muchas ganas de seguir aprendiendo y disfrutando de la vida. El blog no va a desaparecer, se mantendrá público porque cada día hay personas que lo miran, espero que pueda seguir ayudando a alguien. Lo que abandono es el compromiso de escribir con cierta frecuencia porque, como ya habrás comprobado, siento que ya conté todo lo que tenía que contar y hace tiempo que no encuentro la inspiración para aportar nada nuevo y/o interesante.

Yo me doy por satisfecha habiendo conseguido el propósito inicial: compartir mi experiencia por si a alguien más le servía, y sé de primera mano que ha servido a muchas y muchos.

Muchas gracias a quienes me han escrito por los diferentes medios, a quienes han comentado en el blog haciéndolo más completo y a quienes han confiado en lo que les he contado. Han hecho que valiera la pena.

Me despido con mis mejores deseos para el 2017 y los años que le seguirán.

Buenas noches y buena suerte…

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¿Método Dukan fácil?

Me han preguntado qué me parece el nuevo “método Dukan fácil o de la escalera nutricional”.

Por si no lo conoces aún (yo tampoco lo conocía hasta que me preguntaron) se trata de una versión del famoso método más “¿sencilla?”. Con que pongas el nombre del método en Google te saldrá todo tipo de información y testimonios de personas que lo han hecho. Aquí me limito a hacer un análisis somero desde mi punto de vista y mis experiencias (no quiero describir el método completo, no hago juicio de valor ni recomiendo o dejo de recomendar. Es solo mi opinión sobre lo que he leído).

Como resumen rápido para quienes no lo conocen:

Lo que hace es dividir la semana en días-escalones, en los que pasa de la famosa fase de “ataque” a la de “crucero” introduciendo alimentos “permitidos”, de lunes a domingo y vuelta a empezar. Empieza el lunes con ingesta exclusiva de proteínas y acaba el domingo con comida de gala.

Para compensar los extras de cada día va aumentando la carga de ejercicio físico (caminar a ritmo ligero) cada día, empezando en media hora el lunes y acabando en una hora el domingo. Después de perder el peso deseado (lo recomiendan para quienes quieren o deben perder menos de 15 kilos) continúa con la fase de consolidación y la de estabilización del método clásico.

Parece como si se hubiera dado cuenta de que el método tradicional era demasiado estricto. También pienso que debe haber analizado el porcentaje de personas que tras acabar con todas sus fases volvía a perder el control, con la consabida ganancia de peso de vuelta.

Puede estar bien. Es más paulatino. Sin embargo, me temo que será práctico solo para quienes vienen de una muy mala alimentación, con lo que, cualquier cambio será positivo y esas personas SIEMPRE van a perder peso por el simple hecho de eliminar los alimentos procesados y los azúcares. Otra cosa es que estén dispuestos a hacerlo. Con el tiempo me he dado cuenta de que, la mayor parte de las veces, el problema es que no queremos renunciar a nada y aun así perder peso o estar más en forma (que definitivamente es de lo que se trata).

Me refiero a que, por ejemplo, en mi caso. Que he cogido unos kilillos por un par de despistes y unas hormonas traicioneras… De ningún modo perdería peso con ese sistema, porque implica una comida de gala completa una vez a la semana, además de tres días con algún hidrato de carbono (feculentos, pan, papas…). Te aseguro que, como mucho en mi caso me serviría para no subir (y aún tengo mis dudas respecto a eso). Cierto es que mi caso es bastante extremo.

Por otro lado, la recomendación de ejercicio físico es alta para compensar el efecto de los hidratos de carbono que va añadiendo cada día. Para quien no disponga de ese tiempo puede ser un problema porque no conseguirá la pérdida esperada, con lo que se frustrará y abandonará-se deprimirá-volverá a comer mal-recuperará el peso perdido y un poco más.

En fin. Como hemos dicho otras veces, cada persona debe encontrar lo que mejor se adapte a sus propósitos y a sus posibilidades de renuncia o sacrificio. Porque dejémonos de tonterías, para quienes nos gusta comer, abandonar las cosas ricas supone un sacrificio la mayoría de las veces.

Yo por mi parte he vuelto a mi alimentación estricta, porque no quiero que las navidades me encuentren con el pie cambiado.


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¿Leche condensada desnatada?

Estoy en la peluquería y a una señora le han ofrecido un café cortado que, como es clienta conocida, le traen con leche condensada a su gusto (café bombón lo llaman también). La clienta agradecida comenta: – ¡que rico pero hay que ver lo que esto engorda! , a lo que la peluquera contesta – no te preocupes, la leche condensada es desnatada ¡la compré yo misma!

Yo ahogo un grito ¡NOOOO, no engordará usted menos porque sea desnatada! ¡Es puro azúcar! Pero no se lo puedo decir, primero porque no me lo ha preguntado y segundo porque no creo que recibiera mi comentario de buen grado. Seguramente ni se ha planteado mirar cuál es la diferencia en la composición de los dos tipos de leche condensada.

La buena señora no sabe que la diferencia calórica obtenida por la reducción en la cantidad de grasa es compensada por la mayor cantidad de azúcar añadida para mejorar su sabor.

No sabe que en 100 gramos de leche condensada hay 60 gr de azúcar. Que una porción de 20 gr tiene tanto como un sobre de azúcar. Que, aunque nos quieran convencer de que somos cajas donde entra y sale la energía sin tener en cuenta el metabolismo de los nutrientes, no importa que el número de calorías de una dosis de leche condensada sea parecida a la de un yogur desnatado ¡ES AZÚCAR! Y el índice glucémico, la descarga de insulina y el acúmulo de grasa consecuente no es el mismo que el de un yogur o una pieza de fruta.

No sabe que hay que leer las etiquetas, que la propaganda es engañosa y que no hay forma humana ni química de que la leche condensada sea “ligera”.

Pero ella se tomó su cortado y lo disfrutó (al menos eso parecía).

Y mañana le seguirán sobrando los mismos veinte kilos que le sobran hoy, lo que sería perfecto de no ser porque luego siguió la conversación sobre lo difícil que le resulta perder peso.

Para profundizar en las diferencias nutricionales de este producto tienes más información en la web y por ejemplo En este artículo de Eroski Consumer.


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SIN TREGUA

 

¡Hola! Un año animadito este que ha pasado desde mi última entrada.

Ha habido de todo lo que le quita a una el tiempo necesario para estudiar todo aquello que no sea imprescindible y obligatorio. Es por eso que hace hoy justo un año dejé de escribir aquí. Me ha gustado ver cómo, sin siquiera haber escrito sigo teniendo lectores cada día, nuevos seguidores y amables comentarios que me han animado a retomar el contacto. Como he defendido en entradas anteriores es importante controlar los factores que nos estresan; todo aquello que nos quita tiempo que necesitamos para controlar nuestra salud y bienestar psíquico y físico, incluido el control del peso. Y eso es lo que hice, prescindir de todo lo que no fuera obligatorio, incluido este querido blog que me ha dado tan buenas experiencias.

También tuve que dejar de hacer ejercicio porque el tiempo no da para más y “cuando no se puede no se puede y además es imposible”, añadimos unas navidades un tanto relajada y tenemos como consecuencia una ganancia de ¡6 kilos! ¡en un momentito oye!

Así que…vuelta a empezar, o continuar, o retomar o lo que sea. No hay tregua, sólo me he permitido una en tres años y mira las consecuencias.

Hace ya tres semanas que volví a hacer ejercicio y solo con eso y no permitiéndome ningún extra (ni siquiera eso que de vez en cuando me permitía en algún fin de semana aislado, no, nada, nunca) ya he perdido 2 kg y siento que voy a controlar esto rapidito. Esto no quiere decir que ahora tenga sobrepeso, había bajado mucho y todavía me encuentro en márgenes aceptables, pero me encontraba más cómoda con esos kilos menos.

El otro día una amiga me decía: “Si no te puedes permitir un capricho de vez en cuando no merece la pena, no puedes estar así toda la vida”. Pues mira, le dije, resulta que sí, que lo que no merece la pena es sentirme mal todo el tiempo por no comer bien y ser consciente de ello. Un capricho muy de vez en cuando me lo puedo permitir, pero no con la misma frecuencia que aquellas personas que tienen la suerte de no ganar peso con el mismo capricho. Está claro que he de pasar algún desconsuelo, que hay días en que me comería un “bisonte con ensaladilla”. A comer verduritas y proteínas a tutiplén y a disfrutar de la vida. Dentro de cuatro kilos puede que me permita otra vez un capricho al mes. O no.

 


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Algo rico.

Cuántas veces habremos pronunciado o pensado estas palabras. Pocas personas conozco que en algún momento de estrés, ansiedad o desasosiego general no hayan buscado esa fuente de placer para liberar un extra de serotonina que nos calme. No somos conscientes, no vamos a comprar serotonina ni cualquiera de los factores que se desencadenan cuando comemos ese “algo rico”. Cada uno y una tiene el  suyo, hay quien busca chocolate, otras buscan dulces con más o menos cantidad de azúcar y otros complementos pringosos, caramelos, masticables de goma, incluso cosas saladas o grasas. Tantas personalidades hay, tantos “algo rico” encuentras.

¿Pero qué pasa cuando has erradicado todo el algo rico de tu alimentación? Pues pasa, según mi experiencia, que tienes dos opciones:

1ª Mantenerte como una roca, no flaquear ni un mínimo. Porque has asumido que eres como una adicta cualquiera y como te acerques al estante donde habite tu debilidad sucumbirás inevitablemente. Y el problema para los que hemos padecido los atracones por ansiedad o pena o cualquier otra circunstancia es que detrás viene la culpa…y eso es PELIGRO. Porque puede ocurrir que te recompongas y vuelvas rápidamente a tu control alimentario, o que te dejes llevar por el confort y el placer etéreo de tu debilidad y para cuando te des cuenta tienes encima todos aquellos kilos y la infelicidad que llevan consigo.

2º Dejarte llevar por la necesidad, comer lo que te apetece, disfrutar de un minuto, un día, unos días…..y detrás vendrá la culpa.

He pasado unos meses de lo que podríamos denominar un estado alto de ansiedad y/o desasosiego por razones varias. No son ni mucho menos cosas “importantes”, pero han coincidido circunstancias que, digamos, han chapoteado con cierta intensidad el habitualmente planchado lago de mi existencia. ¿Por qué te cuento esto? Pues porque en varias ocasiones en este tiempo he necesitado “algo rico”, díganse unas galletas, unos cereales de esos rellenitos con leche, un dulce, un, un, un, algo…que me calmara. He llegado a tenerlas en la mano en el supermercado, he llegado a pedirlas por teléfono a quien se iba a encargar de la compra ese día, he suspirado… ¡Pero no he sucumbido! Por suerte las he soltado a tiempo y quien me quiere sabe que no me las debe comprar por más que lo pida (tampoco se lo pedía con mucha insistencia, era más un intento de desculpabilizarme si era otro quien lo compraba). Tal cual como los adictos a cualquier sustancia.

Solo tuve que hacerme un planteamiento cada vez que me encontraba en esa circunstancia: ¿realmente soy incapaz de encontrar la calma de otra manera que no sea comer aquello que sé que me ha causado tanta infelicidad y malestar? ¿No he aprendido ya que ese camino no es para mí? ¿No he desarrollado ya técnicas alternativas para cuando me encontrara de esta manera? Si un día como alguno de esos caprichos tiene que ser de una forma serena, no como premio para controlar una crisis.

La respuesta: beber agua, infusiones, salir a pasear, dejar de lado lo que por momentos me estaba estresando cuando podía, hacer cosas que me distrajeran de mis pensamientos y, en casos de absoluta necesidad, recurrir  a las almendras y las uvas pasas, un puñadito, masticadas de una en una, saboreando, con calma….y a seguir adelante.

Recuerdo una cena con unos amigos cuando iba por 7 kilos de pérdida de peso y me preguntaron por qué no me comía las papas y el postre que estaban espectaculares. Les contesté: He decidido que nunca más voy a estar gorda.


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Merluza a la mostaza en seis minutos con microondas.

El otro día me di cuenta de que, después de veintiocho recetas e ideas para comer rico y fácil, aún no te había contado el mayor de mis secretos para preparar una merluza riquísima en seis minutos más otros dos de preparación. Es apta para todos los niveles de cocinillas.

Seguramente, si te gusta cocinar pescado fresco, esta recetilla te parecerá un sacrilegio. Yo no soporto el olor del pescado al cocinarse, ni las espinas, ni las pieles (casi casi que ni el propio pescado), por eso siempre lo compro en forma de filetes o los corazones (el centro del lomo) de merluza congelados. Como las técnicas de congelación actuales son estupendas, de esta manera consigo tener siempre pescado en el congelador para alternarlo con las carnes de ave que también consumo con frecuencia. merluza microondas4

Cuando lo hago de forma planificada saco la caja del congelador hacia la nevera la noche antes y así cuando llego a comer está descongelado. En ocasiones lo decido sobre la marcha y entonces lo uso directamente congelado. Cocinar las proteínas directamente congeladas no es lo más ortodoxo, se supone que durante la descongelación lenta los cristales de hielo que se encuentran entre las fibras de músculo se derriten sin romper éstas. Cuando lo descongelamos digamos “a lo bestia”, se pueden estar rompiendo alguna de esas fibras y entonces la calidad de la proteína no es óptima. Pero claro, la vida real no es óptima y, a veces, se me olvida descongelarlo. Como este detalle no implica ningún problema a nivel nutricional, ni de sabor y he comprobado que la estructura de la pieza de pescado no pierde nada de textura lo hago sin vergüenza ni culpa si lo necesito.

El tiempo de cocción dependerá del grosor de las piezas de pescado que elijas. Yo utilizo los corazones de merluza congelados, son la parte más limpia y jugosa. Con filetes u otras piezas más finas necesitarás ir probando con unos minutos menos.

Ingredientes:

  • 1 caja de corazones de merluza congelada (6 piezas, para tres raciones o dos con hambre).
  • Una cucharada de mostaza antigua (la que trae las semillas)  o de dijon (la amarilla).
  • Un chorro generoso de zumo de limón.
  • Un chorrito de aceite de oliva (una cucharada rasa).
  • Sal y pimienta al gusto.

Preparación:

  1. Colocar los trozos de pescado en una fuente apta para microondas.Así queda después de la cocción al microondas.
  2. Mezclar el resto de los ingredientes en un recipiente, nada, dos vueltas de tenedor para que la mostaza se unifique con el limón y el aceite.
  3. Pintar con brocha, o con la parte de atrás de una cuchara, cada uno de los trozos del pescado.
  4. Cubrir la bandeja con film transparente sellando bien los laterales.
  5. Meter al microondas con potencia 100% durante merluza microondas3seis minutos. Si tu microondas es de potencia más baja seguramente necesitarás uno o dos minutos más. Los microondas son como los hornos, cada uno es de su padre y de su madre y hay que ajustar los tiempos al nuestro.
  6. Sacar del microondas y servirlo con cualquier guarnición. Cuidado al levantar el film porque habrá mucho vapor en su interior y te puedes quemar.

En el caso de que no hayas descongelado el pescado, la única diferencia es que habrás de darle doce minutos de microondas en lugar de seis. Notarás que se libera algo más de agua al fondo de la bandeja pero no importa, queda igual de rico. Llevo años haciéndolo.

Pues listo, ya te he contado mi AS en la manga para cuando no he preparado la comida con anterioridad.

No he probado a hacer otras cosas de la misma manera, pero estoy segura de que se pueden obtener resultados igual de satisfactorios con unas pechugas de pollo por ejemplo. Y por supuesto, de esta “receta” lo que es clave es el tiempo de cocción y el hecho de hacer el pescado al microondas (que de entrada no es lo que te pide el cuerpo) las posibilidades de aderezo son infinitas y dependen de tu imaginación.

Que te aproveche.

 


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Barquitos de guacamole con sardinas.

Hay que reconocer que el guacamole es rico. Y eso que habrá muchas versiones, unas mejores y otras peores, pero es

Barquitos de guacamole con sardinas.

Barquitos de guacamole con sardinas.

tan fresco y sabroso que es difícil no encontrar un buen momento para degustarlo. Acostumbramos a tomarlo con algún tipo acompañamiento a modo de soporte a base de hidratos de carbono como los “nachos”, hoy te presento la forma de disfrutarlo sin salirme de mis principios alimentarios.

Como ya hemos hablado, no hay razón para no comer aguacate de vez en cuando. Una ración de 200gr no supera los 10gr de hidratos de carbono. Al contrario de lo que los mitos nos cuentan, su ingesta parece tener relación con la reducción del colesterol total en sangre y los ácidos grasos que contiene son en su mayor parte insaturados (especialmente ácido oleico). Además aporta fibra, vitaminas y minerales como el magnesio y el potasio. En cuanto al aporte calórico es superior al de otras frutas por su contenido en grasas vegetales. Como no cuento calorías no me preocupo por ese dato, (aunque, claro está no como 200gr de aguacate todos los días). El sentido común y la variedad que debemos incorporar a nuestra alimentación impiden que lleguemos a ingerir cantidades excesivas de ningún producto a lo largo de una semana. Tienes información completa sobre el aguacate aquí.

Visto lo visto, te cuento hoy la combinación sencillita que preparé como entrante en la cena de Nochebuena de esta Navidad que acaba de terminar. Como gustó tanto la repetí en Fin de Año. Te parecerá una tontería pero a mí no se me ocurrió preparar algo así hasta que me regalaron unas latas de sabrosas sardinas ahumadas en aceite de Rusia.

Al grano;

Ingredientes:

  1. 1 aguacate no muy maduro (unos 200gr)
  2. 1 tomate de ensalada o dos si son pequeños, que sea más o menos la misma cantidad que de aguacate.
  3. ¼ de cebolla morada o media chalota. Si te gusta con más sabor a cebolla añades la cantidad a tu gusto, a mí no me agrada que la cebolla camufle el sabor del resto de ingredientes.
  4. ½ diente de ajo (opcional). Lo mismo que con la cebolla, cantidad al gusto.
  5. El zumo de medio limón. (Dos cucharadas aproximadamente)
  6. 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra. (O la que tengas en tu despensa).
  7. Sal y pimienta al gusto.
  8. Puedes añadir un toque picante con algún tipo de guindilla o unas gotas de tabasco. También se le suele añadir cilantro picado, yo no lo puse porque a mi gente no le hace mucho “tilín”.
  9. Una bandeja de cogollos de lechuga. También sirven las endivias, la cuestión es que tenga suficiente firmeza para que nos sirvan de “cuchara” y comerlas con las manos en uno o dos bocados.

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    Cogollos de lechuga.

  10. Dos latas de sardinas en aceite, si las consigues ahumadas o en escabeche estarán más sabrosas.

Preparación:

  • Separamos hoja por hoja los cogollos, lavamos bien, secamos mejor y reservamos.
  • Picamos el aguacate en dados. Ten en cuenta que si el aguacate está muy maduro se va a deshacer, en ese caso no te preocupes del troceado, al final se hará papilla. Si está algo terso puedes picarlo en dados como de un centímetro y medio para que mantenga algo de cuerpo en la mezcla, aun así la mayor parte se va a deshacer.
  • Pelamos el tomate (si lo escaldas tres segundos en agua hirviendo se pela muy fácilmente) le retiramos las semillas y el jugo y nos quedamos solo con la carne del tomate, seguidamente lo picamos también en daditos, más pequeños que el aguacate.
  • Picamos la cebolla y el ajo muy menudo.
  • Unimos en una fuente todos los ingredientes y mezclamos sin machacar.
  • Probamos y rectificamos de sal y de acidez, puede necesitar algo más de limón o de aceite, dependiendo del aguacate que utilicemos.
  • Ahora solo queda montar los barquitos disponiendo las hojas de lechuga en una bandeja, espolvoreamos un poco de sal y pimienta sobre las mismas y colocamos  una cucharada del guacamole y media sardina sobre cada una.
  • Finalizamos con un chorrito de aceite de oliva virgen sobre todos los barquitos y espolvoreando perejil o cilantro picadito.

Es una preparación  muy rápida, apta para los/as más novatos/as en la cocina y que se puede utilizar como entrante, como plato único o como parte de un “picoteo” saludable.

Espero que te atrevas a hacerlo y que te guste tanto como a mi familia.