Pásame tu dieta

Alimentarse bien y sentirse a gusto.

¿Cuándo fué mi momento para iniciar el cambio?

2 comentarios

Hay quienes han sido siempre delgados/as porque su genética se lo permite o porque han sabido qué, cómo y cuándo comer, o son tan activos/as que da igual lo que coman. También hay quienes siguiendo el culto a su cuerpo (normalmente con alta autoestima) siempre han controlado cada bocado, manteniendo el aspecto que han deseado aunque sea a costa de vivir continuamente mirándose al espejo. Otros muchos comen lo que les da la gana en cada momento, no les importa subir unos kilos mientras estén saludables (o incluso sin estarlo) y se sienten plenamente felices independientemente de lo que les enseña el espejo. Hay muchos tipos de personas y personalidades.

Y entre esas personas y personalidades estoy yo y quienes son como yo.

Desde que tengo recuerdos he sido “grande”, recuerdo en mi infancia la necesidad de controlar el pan y otros alimentos que la mayoría de las niñas no tenían que controlar. Nunca estuve gorda, gracias  seguramente a que quien tenía que vigilar lo que  comía lo hizo bien. En las fotos se ve a una niña saludable, con un peso adecuado pero con una talla superior a la media. Teniendo en cuenta que la talla media de la mujer española es 1,64 m y la de la mujer canaria está por debajo de 1,60 m, no es de extrañar que con 1,67 m a los catorce años (y rodeada de niñas de 1.50 m) se me considerara grande, con lo que eso conlleva durante la cruel adolescencia…

Y grande seguí. Realmente soy de lo más normalito, pero la media a mi alrededor es bastante más pequeña no solo en altura sino en constitución. Como ya he contado, la primera vez que estuve gorda de verdad fue a los 23 años, y de ahí hasta febrero de este año ha ido variando mi peso de forma significativa pese a todos mis esfuerzos.

¿Qué hizo que esta vez diera con la clave que me permitió el cambio?

Creo que fue una cuestión de automotivación. Me hice un autocoaching, si es que eso se puede decir. Inconscientemente he buscado todo aquello que me animara a realizar un cambio profundo. Los conocimientos dietéticos ya los tenía. Me faltaba la parte emocional.

Por un lado estuve un tiempo viendo un programa de televisión en el que personas con obesidad mórbida eran sometidas durante seis meses a un plan de dieta y ejercicio que modificara sus hábitos de vida y alimentarios. Como es lógico, ponían los casos exitosos. Siempre que acababa un capítulo con alguien perdiendo 30,40 o 60 kilos yo me decía: si esta  persona sin forma física alguna y con tanto sobrepeso lo consigue… ¿Por qué yo que estoy en forma y sólo me sobran 10-15Kg no lo logro?

En un diálogo de una película, un alcohólico desintoxicado explicaba a otro cómo era de importante no volver a probar el alcohol para él ya que, si volvía a hacerlo aunque fuera una sola copa, volvería a poner el contador de días sin alcohol a cero, tendría que volver a empezar con la desintoxicación y ya sabía el sufrimiento que eso le causaba. Comprendí que las personas gordas somos como cualquier adicto y hemos de actuar en consecuencia. Si decidía corregir mis fallos tenía que ser para siempre, por eso no podía hacer una “dieta”, tenía que ser un cambio de alimentación definitivo y de fácil cumplimiento.

A la vez que todo eso mi tratamiento para la hipertensión (causada por mi sobrepeso) me producía efectos secundarios  que necesitaba evitar. Como parte de ese tratamiento consistía en fármacos que me ayudaran a eliminar líquidos, decidí que si los dejaba tenía que encontrar una alternativa que tuviera el mismo efecto. Y esa alternativa era un cambio en la alimentación, que redujera la retención de líquido en mi organismo y que al mismo tiempo me ayudara a perder peso. Los valores de tensión arterial se reducen con la pérdida de peso (entre 5 y 20mmHg por cada diez kilos perdidos), con la reducción de la ingesta de sodio (sal) (entre 2 y 8 mmHg) y con el aumento del consumo de fruta y verdura (entre 8 y 14 mmHg).

Y como guinda se encontraba mi situación física. Pese a practicar ejercicio regularmente me sentía continuamente cansada, abotargada, llena de dolores, pidiendo permiso a un pie para mover el otro…y pensando ¡a este ritmo voy a ser una vieja dolorida y renqueante antes de lo previsto!

Sin embargo a nivel emocional lo que más me afectó fue que mi médico, que me conoce desde hace años y me pedía en cada revisión que perdiera cinco kilos para controlar  mi tensión, de repente un día me dijo: “…en realidad estás bastante sana, no te sobran tantos kilos, no te vuelvas loca intentando perderlos y se una gordita feliz” (aquí iría un silencio pero no se puede escribir el silencio) – ¡De eso nada! ¡No me pienso rendir, yo sé que puedo lograrlo! (pensé airadamente pero sin dejar que el lenguaje no verbal me delatara claro). Fue como un cachetón al más puro estilo Hollywood que me espabiló.

Con todo lo anterior llegó el día “D”. Un determinado día (23 de febrero de 2013, la fecha se me ha quedado grabada) después de un día agotador en el trabajo y llegando muerta de hambre a las tres de la tarde comí compulsivamente unos churros fríos (o porras, masa de harina y agua, frita en aceite que se toma para desayunar en España) que nos habían llevado de regalo en la mañana. Para cuando llegué al almuerzo en casa sobre las cuatro y media de la tarde me sentía tan mal, tan empachada y tan culpable por haber sucumbido ante tremenda cochinada que en ese momento decidí que ya no iba a comer algo así en la vida. Ese día, en ese almuerzo, cambié mi alimentación.

Han pasado los meses, la evolución ya la he contado y los resultados son los siguientes:

Al haber perdido 18Kg, manteniendo mi ingesta de sodio muy baja como ya vengo haciendo desde hace muchos años y aumentando la ingesta de verdura al eliminar los hidratos procesados y ricos en almidón, he conseguido controlar mi hipertensión hasta el punto de eliminar los fármacos. ¡Mejor premio imposible!

La sensación de agotamiento desapareció hace mucho, creo que desde el primer mes.

Los dolores articulares prácticamente han remitido, sólo se presentan cuando tienen que hacerlo, después de grandes esfuerzos.

Hago más ejercicio aún porque al estar más ligera es mucho más fácil.

Me he planteado como nuevo reto aprender a correr (al menos ser capaz de trotar un buen rato), porque es un deporte que siempre me ha gustado pero que no podía practicar por mi sobrepeso.

Y ya no soy tan “grande”.

Esta es mi historia. La cuento aquí por si te ayuda a comprender la tuya y decidirte por un cambio.

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Autor: Pásametudieta

Me llamo Rosi, he librado una batalla contra el sobrepeso y he ganado. En mi blog cuento mi experiencia por si puede ayudar a alguien. De paso hago acopio de información interesante sobre alimentación y la comparto bajo mi punto de vista. Todo el material original contenido en este blog pertenece a © 2013 pasametudieta.wordpress.com

2 pensamientos en “¿Cuándo fué mi momento para iniciar el cambio?

  1. Rosi, encontré tu blog por casualidad, sigo aCentinel y hoy leyendo en su blog encontré tu comentario donde mencionas los 19 kg que has perdido con tu cambio de alimentación, te hice la pregunta del millón que de fondo llevaba el título de tu blog “pasame tu dieta” jajajaja y menuda sorpresa me topo cuando le doy click a tu nombre y me trajo hasta acá, apenas he leído dos entradas tuyas y me siento totalmente identificada contigo. Necesito perder 25 kg y a pesar de tener todo el conocimiento (porque me encanta leer e investigar) sobre lo que es sano y bueno para mi y mi salud, y los años de experiencia en dietas fallidas, la parte emocional no logro aterrizarla, al leer tu entrada lo he comprendido mucho mejor! Gracias por compartir tu experiencia con personas como yo que buscamos desesperadamente cual es la solución definitiva al sobrepeso y obesidad y no pudiste describirlo mejor! Hoy pienso que no es la casualidad la que me trajo hasta aqui, y ya es momento de que tenga mi propio día “D”. Muchas gracias por leerme! un abrazo 😀

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    • ¡Muchas gracias por escribirme Norma! Precisamente pensando en personas como tú (y como yo) empecé a escribir este blog, sé lo difícil que resulta aplicar conocimientos en uno mismo, ver que te sirve mi experiencia me hace sentir que estoy logrando mi intención. Anímate y elige tu día D, estoy a tu disposición para cualquier duda, tienes el correo a donde me puedes escribir también. Gracias otra vez y ¡bienvenida!

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