Pásame tu dieta

Alimentarse bien y sentirse a gusto.

Lo que no mata engorda.

2 comentarios

Una frase hecha que se parece más a la realidad de lo que nos creemos. Dicen también que el que busca encuentra… Y vaya que si encuentra.

En el momento en que decides mejorar tus hábitos de vida y alimentarios necesariamente empiezas a buscar información y, a veces, la información viene a ti por su cuenta. Pero resulta que sobre alimentación y hábitos saludables, como en muchos otros campos, no todo está escrito y, si lo está, puede que dentro de un tiempo se demuestre lo contrario.

Las recomendaciones alimentarias son modificadas a lo largo del tiempo según los estudios y la disponibilidad de recursos. Si en un momento determinado estaba de moda consumir cereales porque se consiguió manufacturarlos hasta hacerlos apetecibles, ahora lo están los llamados superalimentos (como las semillas de chia, la sal rosa del himalaya, la quinoa…) y los productos “ecológicos”. Todos ellos dirigidos a llevar una alimentación más saludable, que nos mantenga libres de tóxicos y con la finalidad última de librarnos de sufrir enfermedades como el cáncer, el alzehimer y otras enfermedades comunes del mundo postindustrial. Vivimos más y tenemos acceso a mayor cantidad de fuentes de alimentos que nuestros antepasados (no hace falta irse al pleistoceno, a nuestros padres les dejaban una naranja el día de Reyes como algo especial). Y esos alimentos están expuestos a más contaminantes porque vivimos una época industrializada con sus ventajas y sus inconvenientes.

Es común que cuando nos enfrentamos de cerca a enfermedades graves intentemos mejorar todo aquello que nos puede ayudar a prevenirlas o, incluso, con la intención de curarlas. Es en estos casos de vulnerabilidad donde solemos incurrir en el integrismo alimentario. El miedo nos empuja a radicalizar nuestras posturas respecto a los alimentos y otras fuentes de contaminación, como si pudiéramos controlar todo lo que nos puede afectar. Pero me temo que es un trabajo costoso y, en cierto modo, vano. Podemos llegar a controlar una parte, pero es imposible abarcarlo todo.

Te voy a poner unos ejemplos, sólo a modo de muestra porque hay infinidad de situaciones parecidas:

¿Cuántos productos envasados consumimos diariamente? Pues resulta que existe una toxina: El Bisfenol A, que se encuentra en plásticos dedicados al envasado de alimentos y bebidas y en los contenedores de conservación , que puede afectar a nuestro sistema hormonal.

¿Quemas barritas de incienso para perfumar y purificar el ambiente? Yo sí, hasta que leí esto : “El incienso da mal rollo”.

¿Viajas en avión? ¿Tienes una casa hecha con ladrillos? Pues estás continuamente expuesto/a radiaciones ionizantes (esas por las que tanto huimos de las radiografías).

¿Productos ecológicos? Podremos evitar con ellos los pesticidas añadidos a la plantación, pero ¿Qué ocurre con el agua de regadío, o la contaminación ambiental o las bolsas en las que nos los depositan?

Pensarás que estoy un poco pesimista hoy, nada más lejos.  Esta entrada de hoy responde a una inquietud; la de intentar racionalizar y relativizar la importancia de nuestras decisiones, las pequeñas y diarias, que influyen en nuestra salud y calidad de vida. Si por conseguir un menor riesgo relativo de padecer ciertas dolencias nos obsesionamos por obtener lo último, lo mejor, lo más de lo más, puede que al final lo que consigamos sea cargarnos con una responsabilidad demasiado pesada. ¿Y si después de todo, por más que hayamos hecho, sufrimos un cáncer? ¿Será porque se nos olvidó filtrar el filtro del agua purificada con iones macro-cósmicos? ¿O simplemente porque en nuestra era de sistemas sanitarios eficientes y alta esperanza de vida no sufrimos epidemias de peste o botulismo, sino enfermedades relacionadas con la edad y el mundo que vivimos?

Estoy de acuerdo con que hay que cuidarse, física y mentalmente, por ahí empezó este blog. Pero si intentas hacer una compra en el supermercado evitando todo lo que mata y todo lo que engorda, saldrás con la cesta casi vacía y la cabeza llena de humo. Se trata de evitar los grandes peligros conocidos y elegir lo que más nos conviene dentro del abanico de posibilidades, pero disfrutando de la vida y reconociendo que hay situaciones que no podemos controlar.

Foto: amnc.photo.

Foto: amncphoto. 

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Autor: Pásametudieta

Me llamo Rosi, he librado una batalla contra el sobrepeso y he ganado. En mi blog cuento mi experiencia por si puede ayudar a alguien. De paso hago acopio de información interesante sobre alimentación y la comparto bajo mi punto de vista. Todo el material original contenido en este blog pertenece a © 2013 pasametudieta.wordpress.com

2 pensamientos en “Lo que no mata engorda.

  1. Hola Rosi,
    preocuparse de comer lo mejor posible no necesariamente tiene que ser costoso. Yo diría que la regla del 80-20 puede funcionar: con un 20% del esfuerzo puedes conseguir un 80% de los resultados deseados. Si alguien busca la perfección, pues estupendo, pero para los demás prestar un poco de atención puede ser suficiente. Si el enfoque es correcto, claro.

    Me alegro de conocerte.
    Un saludo

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