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Alimentarse bien y sentirse a gusto.


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¿Azúcar o sacarina?

¡Hola! Vuelvo a estar por aquí, en menos OLYMPUS DIGITAL CAMERAde nada han pasado dos meses de silencio bloguiano. Aunque no haya escrito he seguido leyendo, indagando, aprendiendo y cavilando. Y el tema del azúcar o sacarina, edulcorantes “naturales” contra “químicos” es uno de los que más se prestan a opiniones de todos los gustos.

Resulta que desde que sufrí mi primera subida brutal de peso dejé de tomar azúcar como edulcorante de bebidas y lo sustituí por edulcorantes del tipo sacarina, ciclamato o aspartamo. Eso significa que llevo más de veinte años tomando entre dos y cuatro comprimidos o sobres de los mismos al día y, pongamos, una media de 250cc de refrescos “ligh” o “Zero” a la semana. ¿Se puede considerar que 20 años son suficiente largo plazo para confirmar algún daño causado por ellos? A mí me parece que sí. Y hasta la fecha no ha aparecido ninguna muestra de que los edulcorantes “químicos” me estén causando ningún mal.

Sin embargo, en todos estos años y, como ya sabes, sobre todo en estos últimos, sí que he obtenido demostraciones varias de cómo el azúcar “natural” contenida en los alimentos procesados (que no había eliminado hasta hace dos años) sí que me causaba un daño directo y evidente.

Ahora que ya tampoco la consumo tras haber erradicado el consumo de los hidratos de carbono contenidos en los alimentos procesados (sigo consumiendo solo proteínas, frutas y verdura y en todo caso alguna torta de avena, arroz o maíz, copos de avena y muesli natural) he obtenido un beneficio más que constatable para mi metabolismo y mi bienestar general.

En las analíticas las glucemias (concentración de azúcar en sangre) son mínimas dentro de lo correcto, incluso suficientemente bajas para que, en otras épocas en las que consumía hidratos de carbono sufriera los síntomas de la hipoglucemia (aproximadamente 60mg/dl en ayunas). Al haber acostumbrado a mi metabolismo a vivir con niveles bajos-medios de azúcar en sangre ya no sufro bajones, ni esa ansiedad que de vez en cuando sufría cuando el cuerpo me “pedía” algo dulce. Tolero mucho mejor el hambre cuando, por alguna razón, tengo que pasar varias horas sin comer y, por supuesto, sigo sin subir ni un kilo desde hace más de un año y medio.

Aún así, cuando tomo un refresco light o elijo edulcorante para el café o el té (que ya no soporto con azúcar porque le cambia el sabor) siempre hay alguien que me advierte de lo dañinos que son los productos químicos…pero me recomiendan el sirope de ágave (que según la forma de obtención puede llegar a ser tan dañino como el jarabe alto en fructosa), la miel, el azúcar o cualquier otra alternativa con tal de no usar esos comprimidos malignos.

Me llama la atención cómo se acepta el azúcar blanca de mesa como alimento natural, cuando tras el procesado y refinado que sufre para llegar al sobrecito no aporta nada más que calorías vacías. Me dirás que el azúcar moreno mantiene parte de sus nutrientes (prescindibles en una dieta que incluya fruta fresca), en fin, eso si no nos venden azúcar blanca teñida con caramelo o melaza…pero, aún así, la carga glucémica es la misma.

Pues en ese caso yo les digo que prefiero el hipotético riesgo de sufrir algún efecto adverso dentro de 30 años (si es que llego) contra el efecto directo, real y presente del sobrepeso derivado de mi incapacidad metabólica para procesar los hidratos de carbono y/o azúcares en general. Quien pueda tomar azúcar sin sufrir sobrepeso o cualquier otra alteración no tiene que pensar en eliminarla. Quienes por la razón que sea reaccionamos de manera exagerada ante su consumo tenemos que buscar alternativas que nos permitan seguir disfrutando del sabor dulce cuando sea necesario.

No voy a describirte aquí las propiedades de cada uno de los edulcorantes, su historia de amor y odio y los estudios que demuestran lo buenos y lo malos que son. Internet está saturado de este tipo de descripciones y, por más que leo, no encuentro nada que me haga temer por mi salud por el hecho de usar razonablemente los edulcorantes artificiales. Claro que me gusta usar productos naturales con el mínimo de alteraciones, cuando puedo uso la stevia en hoja seca infusionada, pero no vale para el café (puajjj).

Una de mis fuentes frecuentes por si la quieres consultar y donde encuentras monográficos dedicados al tema es el blog lo que dice la ciencia para adelgazar.

Para concluir un simil, si me pones en una balanza azúcares y edulcorantes (químicos de esos malos malísimos) y me haces elegir azúcar o sacarina es como si me preguntaras ¿Cianuro o cicuta?, pues mira…el que me mate más despacio.

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Mermelada light.

¡Hola otra vez!

Hemos comentado que, en pequeñas porciones se puede tomar mermelada para acompañar una tostada de pan integral, tortitas de arroz, de avena, etc., en el momento en que vamos integrando cantidades controladas de hidratos de carbono complejos en nuestra dieta, una vez perdido el peso que queríamos o durante el proceso de pérdida si no estamos siendo muy estrictos en las limitaciones.

Desde el principio he recomendado la “Hero diet” porque es, de las que he encontrado, la que menos cantidad de azúcares aporta por ración (o por 100gr, que es lo mismo en proporción) y la única que he encontrado por ahora con acreditación por la fundación SED (Sociedad Española de Diabetes), que informa en la etiqueta de que:” 123g de confitura extra Hero Diet =1 ración de carbohidratos (10gr).  Un frasco de 280g equivale a 14 raciones de 20gr. “

Este detalle para mí es importante porque intento controlar las raciones de hidratos de carbono diarias, sin obsesionarme. Así sé que tomando dos tostadas al día de arroz o de avena (ya sabes que he suprimido el pan de trigo por su gluten y estoy muy contenta) con un poco de queso de untar desnatado y una cucharadita de mermelada cada una, no voy a desencadenar una cascada de glucosa-insulina en mi circulación y disfruto de un capricho dulce, sobre todo en la media tarde.

Para que te hagas una idea, si no tienes báscula de cocina: como soy de ciencias he hecho la prueba y 20gr es una cucharada sopera colmada de mermelada o tres de postre.

Antes de nada has de saber que en España todo lo relativo  a  los alimentos y su etiquetado está regulado por la Comunidad Europea. En el caso de los alimentos “saludables” la normativa que corresponde (tienes los enlaces en su título) es:

Para el tema de las mermeladas he extraído lo que nos interesa, que son estas tres definiciones:

BAJO CONTENIDO DE AZÚCAR

Solamente podrá declararse que un alimento posee un bajo contenido de azúcar, así como efectuarse cualquier otra declaración que pueda tener el mismo significado para el consumidor, si el producto no contiene más de 5 g de azúcar por 100 g en el caso de los sólidos o 2,5 g de azúcar por 100 ml en el caso de los líquidos.

SIN AZÚCAR

Solamente podrá declararse que un alimento no contiene azúcar, así como efectuarse cualquier otra declaración que pueda tener el mismo significado para el consumidor, si el producto no contiene más de 0,5 g de azúcar por 100 g o 100 ml.

SIN AZÚCARES AÑADIDOS

Solamente podrá declararse que no se han añadido azúcares a un alimento, así como efectuarse cualquier otra declaración  que pueda tener el mismo significado para el consumidor, si no se ha añadido al producto ningún monosacárido ni disacárido (ejemplo de disacárido sería la sacarosa o azúcar de mesa, que se forma con glucosa y fructosa; la glucosa es el principal monosacárido) ni ningún alimento utilizado por sus propiedades edulcorantes. Si los azúcares están naturalmente presentes en los alimentos, en el etiquetado deberá figurar asimismo la siguiente indicación: «CONTIENE AZÚCARES NATURALMENTE PRESENTES».”

Por si no lo sabes, la mermelada se consigue cocinando fruta y azúcar al 50%, o sea, tanto peso de fruta como de azúcar.

Para reducir la cantidad de azúcar se puede sustituir parte o toda esta por edulcorantes artificiales (aspartamo es el más frecuente) que tienen mala fama pero sobre los que los estudios demuestran su seguridad bajo un consumo razonable.

También se puede sustituir una parte o toda por fructosa, cuya ventaja es que con menor cantidad se consigue mayor poder edulcorante, también tiene un índice glucémico menor que el del azúcar blanco (20 frente a 59). Sin embargo, encuentro información contradictoria acerca el efecto sobre la glucemia: parece ser que se va observando que es mayor de lo esperado. Atención especial merece el Jarabe de maíz alto en fructosa, que es un derivado utilizado para endulzar zumos, refrescos y otros productos procesados y que, este sí, está demostrando relación directa con la obesidad y el desarrollo de diabetes.

Otro edulcorante sustitutivo del azúcar y que está de moda es la stevia (obtenido de la planta stevia rebaudiana) que tiene un alto poder endulzante y un efecto insignificante sobre la glucemia. Pero ojo, si nos sustituyen una parte del azúcar por stevia, no hay que olvidar la parte de azúcar que sigue presente en la composición de la mermelada.

He dedicado un tiempo a hacer un mini estudio sobre las mermeladas que encontramos en el supermercado con denominación diet, light, bajas en azúcar o denominaciones similares. Aquí te muestro una pequeña comparativa con las fotos (de las que hay en mi supermercado), simplemente para ayudarte a leer las etiquetas y saber lo que compras y consumes. Unas llevan stevia, otras fructosa, otras aspartamo, busca las que tengas a tu mano y dedica un rato a leer las etiquetas. Verás que aprendes a elegir la que más te conviene.

Oye, que también se es libre de tomar un día un poco de mermelada normal, mientras se sea consciente de que estamos tomando azúcar en cantidad de la buena y que eso tiene unas consecuencias. Pero, un día es un día.

Algunas fotos quedaron un poco desenfocadas, pero con voluntad se leen.

Espero que te sea útil.

Con fructosa.

Con fructosa.

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Con azúcar y stevia.

 

 

Con aspartamo

Con aspartamo

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Con aspartamo.

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Con fructosa.


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Picnic saludable

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Estoy a 2.718m de altitud, después de una buena caminata, tomando café con magdalenas de salvado, bizcocho de algarroba de Ernest Subirana y frutos secos. ¿Qué más se puede pedir?.  🙂 Saludos .

Editado hoy Domingo 11/05/14.

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Bizcocho de algarroba.

Ayer subí esta mini entrada desde un lugar precioso pero con muy poca cobertura, con el teléfono (¡primera vez que lo uso para esto!) y con medio palito de batería. Así que hoy completo la entrada contándote que el bizcocho de algarroba es del blog de Ernest Subirana, como ya dije y que ha quedado aprobado incluso por el más grande chocolatero. La algarroba se utiliza como alternativa al chocolate, no sabe concretamente a chocolate, pero hace las veces muy bien. Además lleva harina de espelta, o escanda, integral que ya he utlizado previamente en otro bizcocho, esta vez de limón, queda muy esponjosa y como ventaja presenta un índice glucémico menor que la harina de trigo, menor concentración de gluten y de mejor calidad siendo incluso tolerado por las personas intolerantes al gluten (no los celiacos). Para que quede un poco más dulce, la próxima vez voy a infusionar dos cucharadas de hojas secas de stevia en la leche que lleva.Te pongo una foto para que veas que de aspecto también queda precioso, además al día siguiente de hacerlo está aún más rico.

 

 


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Una galleta de chocolate no es una manzana.

Dirás que a qué viene esta afirmación tan evidente. Pues viene a hacerte pensar sobre esas equivalencias que a veces vemos artículos sobre nutrición que pretenden educar a la población sobre la diferencia entre alimentos beneficiosos y perjudiciales para la salud y sobre todo para el mantenimiento del peso corporal.

Esto no son dos galletas.

Esto no son dos galletas.

Y la idea es buena, para muestra este artículo de Vitónica “Equivalencias alimentarias en términos de calorías. No sólo las calorías importan.” No puedo estar más de acuerdo con lo que cuenta. Elegir productos frescos, fruta y verdura en lugar de bollería y alimentos procesados es infinitamente más saludable y te ayudará a perder peso si te sobra. Pero, como ya hablábamos en otra entrada, para saber elegir hay que tener información y deseo de cambiar.

Cuántas veces te habrás planteado: “Si me como una galleta la meto en el recuento de calorías de hoy y no pasa nada”. Y es que las tablas de equivalencias dicen que una manzana de tamaño medio tiene la misma cantidad de calorías que una galleta con pepitas de chocolate. Ante tremenda dicotomía es difícil no decantarse por la galleta.

Pero el problema no está en las calorías, son las mismas matemáticamente hablando, de acuerdo. La cuestión es que el proceso metabólico desencadenado por la galleta repleta de harina, mantequilla y azúcar (le perdonamos la vida al chocolate si es del bueno, que lo dudo) no tiene nada que ver con el que provoca la manzana. La subida repentina de glucosa en sangre de la galleta es una subida lenta y prolongada en el caso de la manzana de evidente índice glucémico inferior .Además ésta, por su alto contenido en fibra y agua ralentiza aún más su digestión, por no hablar de las vitaminas y minerales que nos aporta y que brillan por su ausencia en la galleta.

Este es uno de los grandes problemas de las personas que se rigen tan solo por las calorías que ingieren. Cuando te encuentras fuera de casa y no puedes llevar tu comida piensas que una cuña de pizza y un helado van a ser lo mismo que si hubieras comido verduras y una pechuga de pollo a la plancha con una fruta. PUES NO.

Tras unos días comiendo pequeñas cantidades de productos “no favorables” para controlar la cantidad de calorías y pasando hambre (porque no tomas los nutrientes necesarios y porque debido a la hipoglucemia que sigue a la  ingesta de este tipo de productos la sensación de hambre es continua) subirás de peso. Seguro que si le dedicas un poco de atención acabarás encontrando una alternativa más favorable para tus intereses.

Espero haberte hecho pensar para que la próxima vez que tengas delante cualquier tentación te pares un momento y decidas si merece la pena.

 

 


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Quinoa con tofu y verduras.

Me encanta la cocina, cocinar y probar productos nuevos. No necesariamente nuevos en el mundo 02032014-P1120182 culinario, pero nuevos para mí. Uno de los productos que he descubierto recientemente es la Quinoa (o quínoa o quinua). Es una semilla/fruto de una planta de la que se aprovecha todo ya que se le atribuyen múltiples propiedades saludables, incluso la hoja de ésta se puede utilizar en cocina como la espinaca . En sí esta semilla se trata como cereal por sus propiedades, parece ser que es muy valiosa nutricionalmente, principalmente por su alta proporción de proteína completa de tan alto valor biológico (altamente asimilable por el organismo) que se asemeja a la proteína de origen animal y además su contenido en hidratos de carbono de bajo índice glucémico la convierte en uno de mis nuevos aliados. Tienes una descripción muy completa de este producto en muchos lugares web, en Wikipedia y en el artículo “La quinua, alimento de dioses” que además llama la atención sobre el abuso que puede llegar a sufrir el cultivo de este pseudocereal (Bolivia, Perú y Ecuador originariamente) como consecuencia de su popularidad en los últimos años en occidente.

Total, que me dispuse a probarla. La conclusión es que me encanta y por eso te lo cuento, por si te apetece investigarla y probarla. Queda con una textura entre el arroz y el couscous, algo más blanda pero con un puntito crujiente. La he ido aplicando a diferentes platos y el resultado es estupendo. De hecho, imagino que por su contenido en proteína, he comprobado que con una pequeña cantidad se consigue un nivel de saciedad muy alto durante unas buenas horas. Aunque sale un poco más cara que el arroz, como cunde mucho, al final sale igual de rentable. En internet tienes páginas completas dedicadas a recetas con ella.

Se cocina como el arroz, con dos a tres partes de agua por parte de quinoa durante 15-20 minutos. En el envase viene la forma de utilización y el tiempo de cocción. He comprobado que hay diferentes recomendaciones en cuanto al tiempo de cocción y se me ocurre que puede ser debido a que sean variedades diferentes ya que hay muchas dentro de la misma quinoa (no he descubierto si alguna es mejor que otra).

Aquí tienes la receta de la que hice con tofu y verduras por si te animas. El tofu si quieres puedes sustituirlo por cualquier otra proteína (pollo, pavo, ternera, salmón…).

Ingredientes:

  • 100 gr de quinoa

    Ingredientes principales

    Ingredientes principales

  • 100gr de cebolla troceada pequeñita.
  • 100gr de pimiento verde o rojo picado.
  • 1 diente de ajo picado.
  • 1cm de jengibre fresco picado (opcional).
  • 100gr de calabacín (yo uso el verde italiano o “zucchini” porque queda más firme)
  • 100gr de setas congeladas (o frescas si las tienes a mano)
  • 100gr de tofu cortado en dados de 2cm.
  • Sal, pimienta.
  • 1 cucharadita de cúrcuma o curry
  • Agua (dos veces  y media el volumen de la quinoa)
  • Tres cucharadas de aceite de oliva virgen extra.

Preparación:

  1. Poner el aceite en la sartén o en un caldero bajo y ancho.
  2. Pochar en el aceite a fuego medio la cebolla, el pimiento, el ajo y el jengibre.

    Cocer a fuego medio.

    Cocer a fuego medio.

  3. Cuando la cebolla esté transparente añadir el calabacín y las setas y remover, cocinar durante 3 o 4 minutos a fuego medio.
  4. Añadir la quinoa (previamente lavada en un colador) y el tofu troceado, remover bien para que se impregne de los jugos de la verdura.
  5. Añadir la sal y pimienta al gusto y la cúrcuma o curry, volver a remover.
  6. Ahora ponemos el agua, llevamos a ebullición y dejamos a fuego suave sin tapar durante unos 20 minutos. De vez en cuando mirar la cantidad de agua que queda por si hay que añadir un poco más, como haríamos con el arroz. Al finalizar dejar reposar cinco minutos antes de servir.

Con esta cantidad salen cuatro raciones adecuadas para una comida con primer plato de crema o sopa, aunque no hagan el mismo bulto que un plato de arroz.

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Quinoa con tofu y verduras.


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La inflamación silenciosa y la dieta de la Zona. Mi visión.

Por fin, terminé el libro. No es el mejor que he leído y después de éste ya puedo sacar una conclusión: en general los libros que explican dietas, sobre todo los que intentan vender un sistema, son malos a rabiar. Insufribles en general. Ya no pienso comprar ni uno más (en mi interés por documentarme bien ya he dedicado un presupuesto importante), para lo que cuentan se pueden sustituir con buena información fácilmente accesible en la red, o mejor, ir a fuentes menos agresivas y más científicas como manuales de nutrición y estudios validados, aunque sé que eso es más difícil, pero merece la pena.libro zona

En fin, vamos a lo que vamos.

En este libro se habla de la inflamación silenciosa como una forma de inflamación crónica, podría decirse que indolora, provocada por un desequilibrio hormonal dependiente de los eicosanoides (encargados de controlar el proceso inflamatorio) y la insulina (que gestiona el metabolismo de la glucosa y puede favorecer los depósitos de grasa). Esta inflamación sería la causante de múltiples enfermedades, incluida la obesidad y según el Dr. Barry Sears la única forma de mantenerse fuera de esos niveles de inflamación es siguiendo el plan de “La Zona” y tomando aceite de pescado con ácidos grasos omega 3, para equilibrar la relación omega 3/omega 6. Toda una teoría. Me resulta coherente en algunos sentidos, pero está tan rodeado de palabrería y orientación mercantil que me genera desconfianza.

Sobre los efectos proinflamatorios y antiinflamatorios de algunos alimentos hay mucha bibliografía, es un tema de estudio que no deja de tener interés, que se aplica en el tratamiento entre otras de enfermedades autoinmunes y del que seguramente queda mucho por descubrir. Si lees este libro parece que ya está todo resuelto y tiene la solución.

Ya me habían hablado de la dieta de la Zona, porque se parece a mi forma de alimentación en la reducción de la ingesta de hidratos de carbono controlando el índice glucémico y el abandono de los alimentos procesados. Por ligeras aproximaciones ya tenía una idea de sus ideas principales; controlar los hidratos de carbono, mantener una proporción fija de nutrientes en cada comida, seguir una serie de indicaciones en forma de tablas, puntos, equivalencias, bloques o cantidades de los hidratos de carbono de cada plato e incorporar (cómo no) productos sustitutivos o complementarios de su propia línea comercial.

Ahora que ya me lo he empapado puedo decir otra vez que no es lo mismo que lo que yo hago, simplemente es parecido pero mucho más complicado. En este año de revisión me he dado cuenta de una cosa: todos los sistemas dietéticos con nombre buscan una forma de “enganchar” al consumidor a su sistema por medio de reglas, normas, tablas… Condiciones que consiguen que te compres sus libros (normalmente más de uno) y sus productos y que te conviertas a su “método perfecto”. El libro lo necesitas para poder seguir el hilo de tan liosas recomendaciones. De ahí que se encuentren miles de consultas en los foros sobre: ¿qué puedo comer en la fase crucero de Dukan? O, ¿puedo comer arroz y pan en la dieta de la Zona? Se dan tantas instrucciones que la gente se lía. Por eso yo me he “fabricado” mi sistema después de ver que lo que realmente funciona es reducir al mínimo ciertos productos al mismo tiempo que se controla la ansiedad por comer (una de las causas fundamentales del sobrepeso) eliminando la consigna de “no picar entre horas”. ¡Es mentira! se puede picar de ciertas cosas y aun así perder peso, sólo había que saber de cuáles. Me resulta escandaloso que algo tan sencillo nos lo hayan vendido como complicado durante tanto tiempo. Sospecho que el interés económico no permite que esa información sea fácilmente accesible.

Bueno, sobre los productos que recomienda para sustituir a los hidratos de carbono:  según el Dr.Barry Sears sería imposible para la gente prescindir de los hidratos sin estos sustitutivos… Ya he hablado de esto, manteniendo la constancia no solo no los echas de menos, los repudias en poco tiempo, con lo que los sustitutivos (barritas, galletas, snacks) sólo te hacen sentir que estás a dieta y no te ayudan a eliminar esa necesidad para cuando quieras dejar de comprarlos (además de hacerte gastar un dinero que podrías usar, por ejemplo, en renovar tu vestuario). Sólo el aceite de pescado que cura todos los males cuesta ¡36€!

Además recomienda tomar una serie de cosas, me llamó la atención y fui apuntando todo lo que recomienda tomar en un día para evitar la inflamación silenciosa, entre otras cosas son:

  • 1-3 cucharadas de aceite de pescado.
  • 2-3 cucharadas de aceite de oliva.
  • 2 cucharaditas de aceite de sésamo.
  • Un vaso de alcohol para las mujeres y dos para los hombres (no discrimina entre vino u otros tipos de alcohol).
  • 1 cucharadita de aloe vera.
  • Suplementos antioxidantes para no sufrir pérdida de vitamina E a causa del aceite de pescado.

No sé tú, yo ya con todo eso no tendría ganas de comer en todo el día, eso sí, estaría todavía más alegre por el alcohol, que nunca he consumido.

A favor de la dieta de la zona puedo apuntar que, una parte de los beneficios que se adjudica me los creo porque los he sentido al reducir la ingesta de hidratos de carbono y sobre todo del trigo (que la Zona no elimina pero si reduce). Por ejemplo, se cuenta que siguiendo esta ” forma de vida” consistente en seguir su dieta, hacer ejercicio (propone una tabla de ejercicios muy básicos) y practicar técnicas de relajación se consigue: mayor claridad mental, más rendimiento, mejor aspecto y te sentirás mejor. Indudablemente, con menos peso te sientes mejor y tienes mejor aspecto, y no dudo de su eficiencia en la pérdida de peso, pues las bases son las mismas que las del resto de dietas bajas en hidratos de carbono y así está reconocido en estudios sobre dietas de adelgazamiento. La claridad mental y el mayor rendimiento también lo puedo corroborar con mi experiencia. El ejercicio físico es beneficioso para todo y la meditación, vaya, no es mi fuerte ;). No cabe duda de que cuanto más sana y equilibrada sea nuestra alimentación y forma de vida mejor estaremos y mejor nos enfrentaremos a cualquier situación de enfermedad o pérdida de salud. Esos consejos no se puede decir que sean de su creación, son universales desde que se empezó a estudiar el efecto de la alimentación y el estilo de vida sobre la salud.

Un detalle que me apunto para utilizarlo es la división de los hidratos de carbono en favorables, (para todos aquellos procedentes de la fruta, verdura, cereales integrales no procesados -básicamente copos de avena- y lácteos) y desfavorables (procedentes de tubérculos, granos, masas, dulces y cereales procesados, también incluye algunas frutas y verduras, pero a eso no le hago  mucho caso). Con esta denominación me resulta más cómodo identificar los dos grupos  para hablar de ellos en mi blog, ya que la distinción entre “lentos” y “rápidos” o “simples” y “complejos” suele liar al personal. Así que, a partir de ahora me referiré a ellos con estos nombres. Siendo los desfavorables los que introduje en mi alimentación habitual una vez estabilizado mi peso, en raciones pequeñas y teniendo en cuenta que la parte de dulces, bollería y pan han sido reducidos a lo ínfimo, en muy contadas ocasiones, por no decir erradicados.

Hidratos de carbono favorables. Hidratos de carbono desfavorables.
Verduras sin almidón.Frutas.

Cereales integrales (copos de avena)

Cereales (arroz, trigo, couscous…) y granos.Almidones (papas, batata o boniato)

Pan, cereales para el desayuno, pasta, arroz, bollería, alimentos procesados.

Sobre la estructura de la dieta en sí, a mí cuando me dan cantidades como “34 gr de cebolla” o “dos almendras”, me da la risa y no puedo seguir.

Respecto al tema de la salud sin embargo, habla muy alegremente de prevenir el cáncer, las cardiopatías, la diabetes y el Alzheimer, generando la ilusión de que con este sistema casi, casi te libras de cualquier posibilidad de sufrirlo. No sé yo, me parece que suena un poco a flautista de Hamelin.

Quería hacer esta entrada para explicar lo que hubiera aprendido como hice con el método LOGI, pero no me convence nada, ni su forma de contar las cosas. Su sistema para controlar los hidratos de carbono por medio de “puntos” o “bloques”, puede llegar a ser útil a algunas personas, a mí me resulta mucho jaleo para justificarse y al fin y al cabo obtener el mismo resultado que cualquier forma de alimentación donde se controlen los hidratos de carbono o el índice glucémico de éstos y se eliminen los alimentos procesados.

Esta es mi opinión sobre el libro, sobre el plan. Sé que tiene miles o millones de seguidores (o al menos eso anuncian), si a ellos les va bien yo me alegro mucho por ellos. Cada quién ha de buscar la mejor manera de conseguir sus propósitos.

Y esto es todo amigos/as.