Pásame tu dieta

Alimentarse bien y sentirse a gusto.


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Algo rico.

Cuántas veces habremos pronunciado o pensado estas palabras. Pocas personas conozco que en algún momento de estrés, ansiedad o desasosiego general no hayan buscado esa fuente de placer para liberar un extra de serotonina que nos calme. No somos conscientes, no vamos a comprar serotonina ni cualquiera de los factores que se desencadenan cuando comemos ese “algo rico”. Cada uno y una tiene el  suyo, hay quien busca chocolate, otras buscan dulces con más o menos cantidad de azúcar y otros complementos pringosos, caramelos, masticables de goma, incluso cosas saladas o grasas. Tantas personalidades hay, tantos “algo rico” encuentras.

¿Pero qué pasa cuando has erradicado todo el algo rico de tu alimentación? Pues pasa, según mi experiencia, que tienes dos opciones:

1ª Mantenerte como una roca, no flaquear ni un mínimo. Porque has asumido que eres como una adicta cualquiera y como te acerques al estante donde habite tu debilidad sucumbirás inevitablemente. Y el problema para los que hemos padecido los atracones por ansiedad o pena o cualquier otra circunstancia es que detrás viene la culpa…y eso es PELIGRO. Porque puede ocurrir que te recompongas y vuelvas rápidamente a tu control alimentario, o que te dejes llevar por el confort y el placer etéreo de tu debilidad y para cuando te des cuenta tienes encima todos aquellos kilos y la infelicidad que llevan consigo.

2º Dejarte llevar por la necesidad, comer lo que te apetece, disfrutar de un minuto, un día, unos días…..y detrás vendrá la culpa.

He pasado unos meses de lo que podríamos denominar un estado alto de ansiedad y/o desasosiego por razones varias. No son ni mucho menos cosas “importantes”, pero han coincidido circunstancias que, digamos, han chapoteado con cierta intensidad el habitualmente planchado lago de mi existencia. ¿Por qué te cuento esto? Pues porque en varias ocasiones en este tiempo he necesitado “algo rico”, díganse unas galletas, unos cereales de esos rellenitos con leche, un dulce, un, un, un, algo…que me calmara. He llegado a tenerlas en la mano en el supermercado, he llegado a pedirlas por teléfono a quien se iba a encargar de la compra ese día, he suspirado… ¡Pero no he sucumbido! Por suerte las he soltado a tiempo y quien me quiere sabe que no me las debe comprar por más que lo pida (tampoco se lo pedía con mucha insistencia, era más un intento de desculpabilizarme si era otro quien lo compraba). Tal cual como los adictos a cualquier sustancia.

Solo tuve que hacerme un planteamiento cada vez que me encontraba en esa circunstancia: ¿realmente soy incapaz de encontrar la calma de otra manera que no sea comer aquello que sé que me ha causado tanta infelicidad y malestar? ¿No he aprendido ya que ese camino no es para mí? ¿No he desarrollado ya técnicas alternativas para cuando me encontrara de esta manera? Si un día como alguno de esos caprichos tiene que ser de una forma serena, no como premio para controlar una crisis.

La respuesta: beber agua, infusiones, salir a pasear, dejar de lado lo que por momentos me estaba estresando cuando podía, hacer cosas que me distrajeran de mis pensamientos y, en casos de absoluta necesidad, recurrir  a las almendras y las uvas pasas, un puñadito, masticadas de una en una, saboreando, con calma….y a seguir adelante.

Recuerdo una cena con unos amigos cuando iba por 7 kilos de pérdida de peso y me preguntaron por qué no me comía las papas y el postre que estaban espectaculares. Les contesté: He decidido que nunca más voy a estar gorda.


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Segundo objetivo logrado.

Hoy no voy a hablar de comida, hoy toca el ejercicio físico. A ver si con lo que te cuento rápidamente a continuación te motivo para que busques un ejercicio, el que sea, que te motive y te ayude a cuidar tu cuerpo y tu mente.

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Hace un año me planteé como siguiente objetivo después de la pérdida de peso empezar a practicar running (correr por la calle en español de toda la vida). Empecé perdiendo el hígado en trotes de diez minutos, poco a poco fuí aumentando los periodos de trote hasta que ,por fín, hace unos meses llegué a mi objetivo de correr 5km con algo de dignidad. Esta semana he participado por primera vez en una carrera popular, me apunté con la idea de que tener un objetivo concreto me ayudara a mantener la constancia y fué efectivo. Llegué a la meta, dentro de un tiempo medio, aceptable, sin pretensiones. Me lo pasé pipa con un gran amigo que me ha acompañado en los entrenamientos y en la carrera. La sensación de haber conseguido lo que me había propuesto me ha permitido, al mismo tiempo que trabajar por mi estado físico, obtener una carga de energía mental importantísima.  Positividad y optimismo además de esa agradable sensación de que, trabajando duro, podemos revertir muchas situaciones. Hace algo más de un año y medio me estaba al borde de la fatiga crónica. Hoy me calzo las zapatillas y salgo a correr al campo durante una hora.

Busca tu meta…y corre tras ella.


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Un año de blog.

Tarta de moka de elaboración  materna. Foto: AndrésNuñezPhoto.

Tarta de moka de elaboración materna. Foto: AndrésNuñezPhoto.

Cuando un día decidí intentar por enésima vez perder mis kilos de más no imaginé lo que eso iba a significar esta vez. El 16 de Junio de 2013 había perdido alrededor de quince kilos desde el 23 de febrero, no me lo podía creer, todavía hoy me resulta asombroso dado mi historial. Todavía perdería cinco más hasta septiembre. Y hasta la fecha no he recuperado ni uno, es más, sé que tengo que hacer si quiero perder o ganar un kilo en un margen de diez días. En la vida había conseguido un control igual de mi peso.

Esa sensación de haber descubierto algo nuevo al menos para mí hizo que, empujada por quien me ha visto luchar toda la vida contra el sobrepeso, iniciara la andadura de este blog.

La intención era (como he contado otras veces) que la gente que me conocía y veía mis resultados, si me preguntaban qué había hecho, pudieran tener toda la información que yo había obtenido aquí y allá y con la que había decidido controlar algunos alimentos y eliminar otros de mi forma habitual de alimentación. Esa vocación de familiaridad hizo que no me volviera muy loca buscando un buen nombre para el blog, cosa de la que me he arrepentido porque es bastante simploide, pero ya no tiene solución.

El asunto del sobrepeso y la demanda de información sobre alimentación saludable es un tema que mueve millones de bytes de información en la red. Por eso pensé que mi blog iba a quedar reducido al acceso de personas conocidas o amigos/as de aquellas. Pero la red es maravillosa haciendo que algo muy pequeño y local pueda llegar muy lejos, tan lejos como el otro lado del mundo. Y eso le pasó a mi blog. Después de un año recibo a diario visitas de personas de muchos lugares del mundo de habla hispana. Mi nivel de inglés no me permite el bilingüismo pero google translator puede hacer maravillas para quien le interesa algún tema en cualquier idioma. Aquí te muestro la lista de lugares desde donde me han leído:

Lugares del mundo desde donde me lees.

Lugares del mundo desde donde me lees.

Pasadas unas semanas empecé a recibir correos de personas que me decían que habían cambiado su alimentación a raíz de leer mi blog y habían conseguido perder los kilos que les molestaban. Amigos y amigas, familiares, amigos/as de amigos/as compañeros/as de trabajo, mucha gente, siguiendo las pautas que yo me había marcado y obteniendo buenos resultados. Esa es la razón por la que, un año después, sigo escribiendo. Siento un profundo agradecimiento a todos/as por permitirme contar mi experiencia y haber sacado provecho de ella. Me dije a mí misma que si conseguía que solo una persona pudiera conseguir lo mismo que yo, ya habría merecido la pena. Son decenas, que yo sepa, porque hay mucha gente que me sigue pero no sé cómo les ha ido. Si sumo los casos que conozco hemos perdido entre todos ¡cerca de doscientos kilos! Y hemos recuperado la salud y la autoestima.

El hecho de que haya gente interesada en leer lo que escribo me parece sobrecogedor. Siento un profundo respeto hacia ti que estás ahí, por eso me esfuerzo en no escribir banalidades o  información sin fundamento aunque, a veces, me permito contar alguna tontería personal.

También te tengo que dar las gracias porque este lugar de confidencias me ha servido de terapia. Al contarte mi experiencia he conseguido liberar mi mente del estancamiento en que se encontraba respecto al tema del peso. Escribiendo he repasado los sentimientos de vergüenza, ira, miedo y resentimiento hacia mí misma. Lo bueno es que al hacerlo los he dejado ahí, en el aire, fuera de mí. Ahora siento tranquilidad, felicidad, bienestar y el deseo de aprender cosas nuevas que poder contarte, con lo que estoy mejorando mis conocimientos  día a día al mismo tiempo.

Te invito a disfrutar cosas ricas de vez en cuando  y ser feliz.

Te invito a disfrutar cosas ricas de vez en cuando y ser feliz.

Bueno, pues este es mi resumen del año. Tengo intención de seguir escribiendo mientras me sigas leyendo. Espero que seas de los/as que han conseguido algo positivo al seguirme y que te hayas sentido apoyada/o por mí. Gracias en especial a quienes se han puesto en contacto conmigo para contarme su experiencia, me han hecho muy feliz.

¡Hasta la próxima!

PD: Me estoy leyendo “el mejor libro” sobre alimentación y dietas…ya te contaré. 😉


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¡10.000 visitas!

¡Hace una hora este modesto blog alcanzó las 10000 visitas!

El 16 de Junio hará un año que empecé a contar aquí mi experiencia, entonces haré una entrada dedicada a analizar todo el proceso y las consecuencias de aquello.

Hoy solo quiero celebrar tan redondo número. Si no estás al tanto de cuánto significa eso te diré que , numéricamente, no es mucho ¡hay blogs que tienen ese número de visitas en un día! . Pero, teniendo en cuenta que cuando empecé creía que solamente lo leerían mis amigos/as y conocidos/as (que habían observado mi cambio y me preguntaban) y  que ahora resulta que es seguido por , al menos, unas 250 personas de todos los lugares de este ancho mundo, pues, permíteme que lo celebre como si fuera una cosa grande.

Hoy no me voy a extender, ya será el momento el 16 de Junio, solo quiero darte las gracias por seguirme y haberme permitido crecer como persona.

Como regalo de agradecimiento, una foto de mi vista favorita, tomada en una larga y preciosa caminata en el monte de mi isla, Tenerife.

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Contar calorías y otras formas de fracasar.

Hola de nuevo, hoy quiero hablar de cuáles son las trampas que he encontrado a lo largo de estos años para mantener un peso adecuado de forma constante. La idea es no volver a caer en ellas y, si puedo, ayudarte para que tampoco te ocurra.

Merienda de fruta con yogur y pinchos de pavo, pepino y queso...que se quite el bocadillo.

Merienda de fruta con yogur y pinchos de pavo, pepino y queso.

Pues bien, como decíamos ayer… La obesidad, el sobrepeso y todo tipo de kilos de más están relacionados con muchos factores, diferentes en cada persona pero comunes en grandes grupos de individuos. Influyen múltiples aspectos, entre ellos: la genética, el estilo de vida, las costumbres alimentarias, el acceso a los alimentos adecuados, el nivel de ejercicio físico y aspectos psicológicos como la ansiedad.

Una vez que hemos identificado cuáles de esos aspectos nos afectan más y conseguimos ponerlos a raya con el método dietético que mejor se nos adapte, tenemos que conseguir que ese peso que hemos logrado se mantenga. Y aquí viene el meollo de la cuestión.

En primer lugar analicemos las dietas que se basan en la reducción de calorías basándose en la norma de que: hay que ingerir menos calorías de las que se gastan para conseguir un balance energético negativo que obligue al organismo a consumir la reserva en forma de grasa (cosa que parece razonable).

Pero cuando nos limitamos a contar calorías ocurren dos cosas (al menos) la primera es que obtener el dato correcto de calorías que necesitamos es algo relativamente complicado, entran en juego muchos factores como: el nivel de ejercicio físico, el tipo de trabajo, la complexión, etc., que no se suelen tener en cuenta.

Existen tablas generales con las calorías que deberíamos ingerir en función del sexo, pero no integran nuestras particularidades. En segundo lugar, lo importante no es sólo la cantidad de calorías ingeridas, más importante debería ser de dónde provienen esas calorías.

Así, no es lo mismo tomar 2000 cal al día (se ha estandarizado un uso incorrecto del término cuya explicación es larga y seguramente no te interesa, pero para el caso has de saber que cuando decimos 1 caloría en realidad son 1000 cal o 1 Kcal), de hidratos de carbono, de proteína o de verdura. El efecto metabólico de cada uno de estos grupos es muy diferente y ahí se encuentra la clave de las discusiones sobre el porcentaje adecuado de cada uno de ellos en la alimentación.

Tienes una serie de artículos muy clarificadores sobre este concepto en el post del blog Lo que dice la ciencia para adelgazar ¿Una caloría es una caloría? y en el blog Vidatips “La famosa caloría” (pincha en los enlaces para leerlas).

Resulta que cuando entramos en la dinámica de contar calorías acabamos obsesionándonos por cuántas calorías tienen los productos que compramos y traen etiqueta, somos más flexibles con los que no la traen y llega un momento en que nos cansamos de vivir pendientes continuamente de lo que comemos. Como eso es insostenible se suele caer en el desencanto y…vuelta a empezar.

Por otro lado están las dietas restrictivas, como por ejemplo las dietas muy bajas en hidratos de carbono. Aquí quiero hacer mención especial a la dieta Dukan de la que, como sabes, adopté un par de recomendaciones y otras muchas no. Resulta que en ellas se restringe de forma muy severa toda ingesta de hidratos de carbono, incluyendo la fruta y muchas verduras durante un periodo muy largo de tiempo, luego se introducen poco a poco y al final, cuando se ha perdido el peso y se ha mantenido durante un tiempo, se permite una alimentación “normal”  más dos comidas semanales en las que se puede comer de todo y, para compensar, un día a la semana en el que solamente se comen proteínas.

A estas alturas está bastante confirmado que la dieta en sí es efectiva, se baja de peso sí o sí. Pero también está bastante confirmado una recuperación total e incluso mayor del peso perdido en una gran cantidad de personas.

Aquí me permito lanzar mi análisis, no es científico, es sólo de sentido común, específicamente el mío, mi opinión.

En esta dieta la restricción es sumamente severa durante las primeras “fases”, con lo que habrá mucha gente que se quede por el camino sin haber aprendido nada y además con la sensación de frustración que ya sabemos a dónde lleva.

Entre los que hayan conseguido terminar el plan, habrá quienes hayan logrado incorporar un aprendizaje sobre los alimentos más adecuados y las cantidades correctas de hidratos de carbono que han de ingerir para el resto de su vida sin volver a subir de peso. Pero también puede ocurrir que algunas/os no hayan captado la parte educativa (que la tiene, pero hay que saber encontrarla) y en el momento en que se les da vía libre vuelven a su alimentación anterior  con la falsa convicción de que ya lo tienen todo hecho, más “dos comidas de gala” a la semana (o sea que se van a poner moradas/os dos veces a la semana).

Eso, querida/o amiga/o no se equilibra con un día de proteína a la semana a no ser que todos los días hagas media maratón. El resultado es que en un par de meses las cosas están como antes de empezar.

Luego tenemos la dieta “De la Zona” y similares, donde hay que aprender a usar una serie de tablas de equivalencias de cantidades de los diferentes grupos de alimentos que pueden llegar a ser difíciles de asumir por muchas personas, y además incorporar productos que supuestamente ayudan a soportar la restricción de hidratos de carbono, que en este caso es menos estricta y que como en el caso de la dieta Dukan, lo único que consiguen es enriquecer a sus creadores a costa de no aclarar a las personas que todos esos suplementos lo que hacen es no permitir que su mente aprenda que no son necesarias las galletas, ni el pan, ni la pasta (aunque sean proporcionadas por ellos con fórmulas mágicas para no engordar).

De la dieta de la Zona y la inflamación silenciosa hablaré pronto, estoy terminándome el libro y hay un par de detalles que se pueden incorporar a mi aprendizaje. Conste que me ha costado, sobre todo porque está empeñado el tal Barry Sears en que hay que tomar aceite de pescado (el suyo es el mejor claro está) para curarnos de todos los males. Y eso me huele mal.

La única manera para dejar de depender de los alimentos procesados es dejar de comerlos, pasar el “mono” y aprender a disfrutar con una manzana, o un puñado de almendras y uvas pasas lo mismo que disfrutábamos antes con una magdalena.

Conocer nuestro cuerpo, cómo subes o bajas más rápido con determinados nutrientes, practicar ejercicio físico diariamente (cada quién a su nivel), estar vigilante ante los días de ansiedad (que los hay y son muy duros), atacando con fruta, lácteos, infusiones, frutos secos en pequeñas cantidades (ocho o diez almendras, cuatro o cinco medias nueces, diez o doce uvas pasas,…) o echándose a la calle a pasear, que es bueno por partida doble. Estas son las herramientas que nos han de valer para seguir en adelante comiendo bien y manteniendo nuestro peso. Todo lo demás es engancharse a programas dietéticos que nos costarán dinero y, probablemente, no conseguirán que aprendamos por nosotros/as mismos/as.

 


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Cuando nos cuidemos a nosotras/os mismas/os podremos cuidar mejor a los demás.

Uno de los errores que frecuentemente cometemos las personas, especialmente las muy activas  es cargarnos con demasiadas responsabilidades. Muchas veces son inevitables, vienen dadas por la vida diaria sin alternativa, pero otras veces las asumimos por no ser capaces de decir que no o por no pedir ayuda.

Son muchas las cargas que pueden hacer que no dediquemos tiempo a nosotras/os mismas/os: el cuidado de los hijos, el trabajo (dentro y fuera del horario laboral), familiares dependientes, estudios…Todo esto genera estrés, ansiedad y ,entre otras cosas, falta de tiempo para comprar alimentos adecuados y para sentarnos a comer pensando lo que estamos haciendo. Si además tenemos lo que llamamos tendencia a engordar, estamos ante la tormenta perfecta.

Apuesto a que estás leyendo esto y asintiendo con la cabeza o con una sonrisa de identificación. Si es así te planteo algo que me plantearon una vez, es radical, pero a veces necesitamos palabras radicales para darnos cuenta de lo que estamos haciendo. Imagina que consigues pasar esta fase de mil actividades (estudiar, proyectos de trabajo, cuidado de niños y familiares…) de repente llega ese día en que dices “¡por fin!, ahora me puedo dedicar algo de tiempo, voy a empezar a cuidarme, bajar estos kilos, ponerme en forma y ser quien quiero ser”. Muy bien, al día siguiente vas y te mueres.

¡Qué bestia! Dirás. Si, la vida es así de bestia, lo veo en mi trabajo todos los días. Nos pasamos el tiempo organizando, haciendo y deshaciendo con vistas al día de mañana, pero el día de mañana puede llegar o no. Mañana tiene que ser hoy. Hoy tenemos que cuidarnos para estar en forma, para poder ayudar a quien nos necesite sin quedarnos por el camino, le podremos ayudar mucho mejor. Si no se puede con todo tendremos que pedir ayuda, siempre hay alguien dispuesto a brindarla si se la pedimos. Si no pedimos ayuda nadie sabrá que la necesitamos. Y si, pensando que somos superhéroes, nos hemos pasado asumiendo responsabilidades y proyectos habrá que priorizar y abandonar los que no podamos abarcar.

Con estas medidas conseguiremos tener un rato al día para dedicarlo a nuestro bienestar: hacer algo de ejercicio, planificar nuestras comidas, comprar con la cabeza y no con el estómago, aprender a querernos un poco más y cuidar nuestro aspecto. He aprendido que, como efecto colateral, las personas que nos rodean se sienten mejor cuando nosotros/as nos sentimos mejor. Esta es una forma indirecta también de cuidar a otros.

El resultado será que nos encontraremos mejor física y anímicamente y, sobre todo, disfrutaremos un poco más de la vida.

Hoy me ha salido una entrada un poco seria. Será que hay cosas serias.


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¿Cómo mantener ahora el peso perdido?

Cada vez que he seguido una dieta concreta con buenos resultados he recibido el mismo mensaje de mi alrededor y de mí misma:  ahora lo que cuesta es mantenerse. Y es cierto, normalmente me costaba  mucho mantener el peso alcanzado después de una dieta de pérdida de peso.

Hoy quiero analizar el porqué y la razón por la que esta vez he conseguido mantener, e incluso reducir aún más, mi peso una vez que llegué a mi objetivo más ambicioso, ese que no recomiendo a nadie de entrada; perder absolutamente todos los kilos que me sobraban, hasta el punto de encontrarme en el menor peso de toda mi vida adulta.

Y en el matiz se encuentra la diferencia. Esta vez no he hecho dieta, no he practicado ningún método insostenible a largo plazo, no ha habido pastillas, ni sustitutos de comidas, ni raciones liliputienses, ni conteo de calorías…nada. Esta vez he realizado un cambio sostenible que no me causa ningún sufrimiento, ni estrés, ni renuncias fundamentales en mi alimentación.

Sé que tengo ventaja frente a otras personas porque no soy golosa, nunca he tomado alcohol y el chocolate no tiene un lugar importante en mi vida. Sin embargo, podría estar sufriendo por no tomar cereales de desayuno, o algún buen bocadillo, unas galletas con leche, la paella… ya que todo eso sí me gusta y mucho.

Pero como ya he planteado en entradas anteriores, ha habido un trabajo importante de autoconvencimiento detrás de esta aceptación de una nueva alimentación basado  en un análisis de pros y contras. Te voy a enumerar primero los pros y luego los contras:

Los Pros:

Me encuentro física y anímicamente mejor que nunca y puedo asegurar que se debe en parte a recuperar el aspecto físico que quería, pero sobre todo porque las digestiones ya no son un problema.

2º A nivel de resistencia por aporte energético no ha habido ningún problema. Ya he comentado que siempre he hecho ejercicio, ahora hago más aún y en ningún momento he sufrido las ”pájaras” antes habituales.

Aquí viene muy a cuento que te relate lo que hice el sábado pasado como ilustración de hasta qué punto han cambiado las cosas: Tenía un evento deportivo consistente en una travesía en piragua de ocho kilómetros y medio. La prueba empezaba a las 12:00h. Como era lejos de mi residencia me levanté y desayuné a las siete de la mañana la famosa tortita de salvado, con cuatro lonchas finas de embutido de pavo y una loncha de queso desnatado, un vaso de leche desnatada y una pera. Por el camino tomé dos cafés (ya he dicho que tomo mucho café), justo antes de empezar la prueba un vaso grande de yogur de beber desnatado y durante la travesía bebí media botella (150 ml) de una bebida isotónica y 150 ml de agua. Hice mis ocho kilómetros en una hora y unos minutos, de un tirón y sin ningún problema.

Ahora te cuento lo que hacía antes de febrero para recorridos más cortos y con descansos: desayunaba unos cereales con leche o un sandwich con pavo, un vaso de zumo envasado “sin azúcares añadidos” y una pieza de fruta, antes de iniciar la travesía solía tomar una barrita de cereales con frutas, en medio un zumo envasado de 300 ml y, en ocasiones, otra barrita de cereales. Aún así era frecuente que sufriera hipoglucemias que me dejaban temblando un buen rato y sin capacidad para continuar ¿Comprendes después de todo lo que te he contado el porqué? Con las recomendaciones de ingerir hidratos de carbono antes del ejercicio lo que conseguía eran picos de glucemia con su correspondiente hiperinsulinemia que me dejaban pajarito.

La comida oficial del evento del sábado consistía en una rica paella que, como no, disfruté merecidamente. El resto de esta semana no tomaré hidratos de carbono en las comidas y asunto resuelto.

Existen teorías que achacan la presencia de hiperinsulinemias a la obesidad desde un punto de vista congénito. Según éstas hay personas cuyo sistema endocrino reacciona desproporcionadamente ante una carga de glucosa en sangre, por consiguiente la descarga de insulina superior a la requerida se convierte en un vehículo para la generación de tejido graso, dando lugar a la obesidad. Será porque me resulta familiar, pero no me resulta descabellado.

No requiere ningún cuidado especial seguir esta alimentación, incluso si se tiene una vida social ajetreada se puede seguir. En cualquier restaurante se puede pedir una rica ensalada o cualquier plato que contenga proteína y pedir que te cambien las papas fritas o el arroz por ensalada, no suelen poner pegas. Y no renuncias al placer de comer en compañía. Se puede tomar una copa de vino esporádicamente sin problemas. Tema aparte son las cervezas, contienen una buena cantidad de gluten y su capacidad para favorecer la barriguita cervecera es tan evidente que no tiene discusión. Por suerte yo no bebo, ni he bebido nunca, con lo que no puedo dar alternativas a quien me dice que le cuesta mucho dejar las cervecitas del fin de semana.

Una vez alcanzado el peso objetivo, el hecho de poder tomar una o dos veces en semana una comida especial mitiga cualquier sensación de prohibición. He comprobado en mí misma y en quienes me han emulado que controlando los hidratos de carbono el resto de la semana las variaciones de peso son despreciables.

Considero este punto la clave de todo, las dietas restrictivas en cuanto a cantidades, calorías, formas de cocción, sustitutivos, etc… son insostenibles a largo plazo. Si mientras tanto no has incorporado nuevos conocimientos sobre los alimentos y sobre tí mismo/a volverás a cometer los mismos errores una vez que termines y te recomienden “comer de todo con moderación”. ¿Te suena? ¿Y a que no sabías cuánto era moderación? Y ¿de todo? ¡venga ya!…

No requiere ningún tipo de suplemento o sustitutivo, por lo que no hay razones de salud o económicas que me impidan continuar así de por vida.

La sensación de control de la situación es maravillosa. Ahora sí puedo decir que no volveré a engordar. La comida ya no tiene trampas  ni secretos para mí.

Los Contras:

1º Me he tenido que comprar un vestuario completo nuevo porque he perdido cuatro tallas :). Este ha sido el único factor económico de toda esta historia…y me encanta.

Así que ahora creo estar en condiciones de decir que ya no me va a ser difícil mantenerme. Tiempo al tiempo, prometo que si de repente un día vuelvo a empezar a subir te lo cuento. Pero realmente estoy convencida de que va a ser que no.

PD: Estoy leyendo, porque me lo recomendaron, el libro del Dr.Barry Sears “La inflamación silenciosa, cómo combatirla con la dieta de la Zona”. Como ya hice con el del “Método LOGI” contaré lo que vea interesante en una entrada dedicada a él. Por ahora estoy leyéndolo con un ojo abierto y el otro a medias porque no me gusta la parte comercial de este sistema (tiene su propia línea de productos “milagrosos”) ni la parte sensacionalista y farandulera en la que promete la cura de todos los males. Aún así espero aprender algo de él, ya te contaré.

PD2ª: Esta es la entrada número 50. ¿Quién me lo iba a decir? Sé que estás ahí, aunque no hagas comentarios en público, te lo agradezco.